“Portátil sobre una mesa en un ambiente nocturno y tecnológico, con líneas de código y gráficos en la pantalla. Sobre la imagen aparece el texto: ‘Un proyecto secreto, muchas horas de trabajo y algo que empieza a cobrar vida… Pronto, algo importante va a salir a la luz.’”
Ayer fue uno de esos días que no se olvidan cuando trabajas en un proyecto de tecnología con propósito.
Un día de esos en los que pasas de la ilusión al susto, del susto a la frustración, y de ahí a esa sensación tan especial cuando, de repente… todo empieza a funcionar.
Llevo meses trabajando en un proyecto que todavía no puedo revelar públicamente. No puedo decir su nombre ni mostrar qué es exactamente. Pero sí puedo contar algo mucho más importante: cómo se construye algo que quiere ayudar de verdad a las personas.
Ayer pasé horas enteras ajustando, probando, rompiendo y volviendo a montar piezas. Hubo un momento en que todo quedó en blanco. Pantalla vacía. Nada funcionaba. Ese instante en el que piensas: “¿Lo he perdido todo?”
Y, sin embargo, es justo ahí donde sabes que estás creando algo real.
Porque los proyectos de verdad no se rompen cuando no existen.
Se rompen cuando empiezan a ser complejos.
Después vinieron los arreglos. Los pequeños detalles. Las cosas que por fin empiezan a encajar. Funciones que ayer no existían y hoy sí. Errores que dejan de aparecer. Y algo muy especial: partes del proyecto que empiezan a comportarse como si estuvieran vivas.
Cuando eso ocurre, el cansancio desaparece. Da igual que sean las once de la noche o las seis de la mañana. Cuando ves que lo que estás creando empieza a tener coherencia, empieza a responder, empieza a ser útil… sabes que vas por el camino correcto.
Este proyecto —el que todavía no puedo nombrar— está ya en una fase muy avanzada. No es una idea. No es un boceto. No es un PowerPoint. Es algo que ya existe, que ya funciona, y que muy pronto saldrá a la luz.
Y cuando lo haga, ayudará a muchas personas.
No solo porque utilice tecnología.
Sino porque ha sido creado desde dentro de la necesidad real, desde la experiencia, desde las barreras que otros no ven.
Seguiré contando pequeños fragmentos de este camino, como este.
Sin revelar lo que todavía debe esperar.
Pero compartiendo algo mucho más valioso: la verdad de cómo nacen los proyectos que quieren cambiar algo.
Gracias por estar ahí, por leer, por seguir esta web y este blog.
A veces no se ve lo que se está construyendo…
pero se está construyendo.

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