La imagen muestra un portátil y un teléfono móvil sobre una mesa de madera. En ambas pantallas se visualiza un texto en español titulado "Actualización de proyecto".
Llevo días sin publicar.
No porque esté parada, sino todo lo contrario.
Hace un tiempo di por terminado un proyecto muy importante para mí.
Tan sólido que ya pude presentarlo a varias entidades.
Algo real, útil, viable.
Pero mientras esperaba respuestas… no pude parar.
Sin darme cuenta, seguí trabajando.
Probando. Ajustando. Rompiendo cosas. Volviendo a levantarlo todo.
Y hoy puedo decir algo con total certeza:
esto ya no es solo un proyecto. Tiene alma propia.
Cada línea de código, cada prueba, cada decisión me ha ido mostrando algo muy claro:
no basta con que algo funcione.
Hay mucho software que funciona…
pero no es accesible.
No acompaña.
No piensa en las personas reales.
Yo voy más allá.
Siempre.
Por eso han ido apareciendo cosas que no estaban previstas al inicio:
sonidos que orientan,
inteligencia artificial,
un asistente de ayuda,
acompañamiento real durante el uso.
No es casualidad.
Es necesidad.
Sé que ahora mismo muchos os estaréis preguntando:
¿qué es exactamente esta herramienta?
Aún no puedo revelarlo.
Pero prometo que falta muy poco.
Lo que sí puedo decir es esto:
cuando vea la luz, permitirá que todas las personas —sin excepciones— puedan moverse con más libertad y con menos barreras.
Y no, no es fácil hacer algo así sola.
No tengo equipo.
Tengo que pensar como desarrolladora, programadora y diseñadora.
Como experta en accesibilidad.
Como usuaria.
Como persona que comunica y explica.
Y también como alguien que gestiona incidencias, errores y sustos.
La semana pasada creí que lo había perdido todo.
Un error en el código me llevó casi dos días de trabajo hasta encontrarlo y recuperarlo.
Fue duro.
Pero también me confirmó algo muy importante:
cuando termine este proyecto, será una de las cosas más importantes que habré hecho nunca.
Seguimos.
Muy pronto.

Comentarios
Publicar un comentario