La imagen es una publicidad o promoción de un blog sobre accesibilidad y tecnología laboral. El título dice: "Cuando la accesibilidad también decide quién puede trabajar." Muestra a una persona con audífonos frente a una laptop con un mapa y puntos de ubicación. Se menciona la experiencia personal buscando un proveedor de geocodificación y reflexiones sobre accesibilidad, inclusión laboral y tecnología.
Hace unos días viví una experiencia que me hizo reflexionar profundamente sobre algo de lo que pocas veces hablamos.
Mientras desarrollaba un proyecto tecnológico necesitaba integrar un proveedor profesional de geocodificación. Era un paso importante para mejorar la precisión de las direcciones y de los números de portal.
Como haría cualquier desarrollador, comencé comparando diferentes opciones.
La primera parecía una buena elección por sus características técnicas. Sin embargo, pronto descubrí que había un problema mucho mayor que la propia tecnología: la accesibilidad.
No se trataba únicamente de un CAPTCHA complicado. La experiencia completa era prácticamente inaccesible.
Encontré botones sin etiquetar, controles que el lector de pantalla no detectaba correctamente, elementos gráficos que solo podían activarse con el ratón y procesos imposibles de completar utilizando únicamente el teclado.
Después de varias horas intentando avanzar tuve que pedir ayuda a una persona de mi familia. En apenas unos segundos, utilizando el ratón, pudo pulsar aquello que yo no conseguía localizar.
Pensé que el problema había terminado.
Pero no.
Después de todo ese esfuerzo, el servicio ni siquiera respondió como esperaba y tuve que volver a empezar la búsqueda desde cero.
Probé otro proveedor conocido. La experiencia tampoco fue mejor.
Finalmente encontré una alternativa que, al menos por el momento, está respondiendo mucho mejor tanto técnicamente como desde el punto de vista de la accesibilidad.
Y entonces apareció una pregunta que va mucho más allá de mi proyecto.
¿Qué ocurriría si una empresa de transporte, de mensajería o de reparto utilizara una de esas plataformas inaccesibles?
Imaginemos que una persona ciega entra a trabajar como administrativa en esa empresa. Tiene la formación necesaria, domina las herramientas ofimáticas y puede desempeñar perfectamente su trabajo.
Pero llega el momento de utilizar esa plataforma profesional.
Si la aplicación no es accesible, ¿qué ocurre entonces?
¿La persona deja de poder realizar su trabajo?
¿La empresa cambia de proveedor?
¿O simplemente se llega a la conclusión, equivocada, de que esa persona no sirve para ese puesto?
La accesibilidad no es únicamente una cuestión de inclusión digital.
También es una cuestión de inclusión laboral.
Una herramienta inaccesible puede convertirse en una barrera que impida a una persona acceder o mantenerse en un empleo, aunque tenga toda la preparación necesaria.
Por eso insisto tanto en que la accesibilidad no beneficia únicamente a las personas con discapacidad.
Las herramientas accesibles suelen ser más claras, más fáciles de aprender, más cómodas de utilizar y más eficientes para cualquier usuario.
Esa es precisamente la idea que intento transmitir en mi curso Digitalización sin barreras, donde presento herramientas que cualquier persona puede utilizar y demuestro que diseñar pensando en la accesibilidad no significa crear algo especial para unos pocos, sino crear soluciones mejores para todos.
A veces pensamos que la accesibilidad consiste únicamente en cumplir una normativa o en añadir una pequeña adaptación.
Sin embargo, la verdadera accesibilidad empieza mucho antes.
Empieza cuando una persona puede registrarse por sí misma, utilizar una plataforma profesional sin pedir ayuda y desarrollar su trabajo en igualdad de condiciones.
Porque la tecnología debería abrir puertas, no convertirse en una barrera más.
La accesibilidad no consiste en adaptar a las personas a la tecnología. Consiste en crear una tecnología que permita que todas las personas puedan participar en igualdad de condiciones.

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