La imagen muestra un escritorio con varios objetos relacionados con la programación y el desarrollo tecnológico. Hay una taza con palabras motivadoras, un cuaderno con una frase sobre objetivos, unas gafas de sol, un teléfono con la pantalla en un programa de desarrollador de Apple y una nota con una lista de tareas completadas esta semana.
La mayoría de personas piensa que desarrollar una aplicación consiste únicamente en escribir código.
Durante muchos meses estado construyendo funciones, resolviendo errores y haciendo crecer un proyecto desde cero. Eso ya es complejo.
Sin embargo, esta semana me encontrado con otra realidad.
Para poder instalar una aplicación en un iPhone no basta con programarla.
Primero hay que entrar en el programa Apple Developer.
Y ahí empezó una semana completamente distinta.
La verificación desde el iPhone, un documento de identidad que parecía no aceptarse, una incidencia enviada al soporte de Apple, una llamada con pantalla compartida para comprobar que realmente el problema existía y no era un error mío. Después llegó la conversación con un amigo desarrollador, también ciego, que me dio una idea tan sencilla como decisiva: realizar todo el proceso desde la web.
Y entonces llegó ese momento que recordaré durante mucho tiempo:
"Estoy dentro."
Pero tampoco era el final.
Había que aprender cómo actualizar una aplicación instalada, entender herramientas nuevas, enfrentarse a páginas en inglés, resolver pequeñas barreras de accesibilidad y seguir avanzando paso a paso.
Lo curioso es que, al final de la semana, alguien comentó con total naturalidad:
"Yo hice una aplicación en cuatro horas."
Y esa frase me hizo pensar.
Sí, hoy existen herramientas capaces de generar aplicaciones muy rápidamente.
Pero también existen proyectos que no nacen de una plantilla.
Hay aplicaciones que se construyen escribiendo el primer código desde cero, tomando decisiones cada día, resolviendo problemas uno a uno y entendiendo cómo funciona cada pieza.
Ningún camino es mejor que otro.
Simplemente son proyectos diferentes.
En mi caso, el verdadero aprendizaje de esta semana ha sido descubrir que programar no siempre es la parte más difícil.
A veces lo más complicado es todo lo que rodea al desarrollo.
Y aun así, merece la pena seguir adelante.
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